Perdición, de Jack Ketchum

Sinopsis

Una noche, en el verano de 1965, Ray, Tim y Jennifer pasan el rato tomando cervezas cerca del lago Turner. Es otra noche de verano más hasta que Ray decide matar a tiros a dos jóvenes campistas para descubrir qué se siente.  Cuatro años más tarde nadie ha podido acusar a Ray de los asesinatos, aunque hay un policía decidido a encontrar pruebas que lo incriminen. Ray piensa que nunca van a pillarlo, y Tim y Jennifer creen que todo aquel horror ya ha pasado. Pero se equivocan. Lo peor todavía está por venir.

Reseña de Perdición, de Jack Ketchum

Terminé de leer Perdición, de Jack Ketchum, hace ya unas semanas. En aquel momento me pareció que todo lo que había que decir sobre la novela se resumía en una de esas frases lapidarias de Forocoches y manadas: todas putas.

De hecho, esas dos palabras resumen muy bien el impulso que anima a Ray, el protagonista de la historia, desde que esta empieza hasta que termina. Y en ellas se concreta todo el horror de la novela.

Ray es un tipo con complejo de inferioridad. Con uno de esos complejos de inferioridad aderezado con un narcisismo galopante. La combinación de ambos resulta en acciones violentas que ojalá nos parecieran injustificadas.

En el prólogo de la novela se condensa todo lo que pasará después: Ray, este hombretón más bien bajito, de masculinidad tan sólida que cualquier brisa de abril la pone patas arriba, ve que unas mujeres se dan un abrazo e inmediatamente se siente atacado por esa muestra de intimidad que nada tiene que ver con él.

Que lo dejen fuera de sus vidas, que le escamoteen hasta la última brizna de protagonismo, es algo que Ray no puede soportar. Entonces es cuando acude al todas putas. La consecuencia inmediata es evidente, porque a las putas solo se las puede tratar de una manera: se las mata.

No voy a extenderme acerca del acierto de Ketchum a la hora de escoger una manera simple y sin adornos de contar las cosas. Si hay algo que este hombre sabía hacer esa justo eso: ir al grano desde el ángulo correcto.

Otra cosa que también sabía hacer y que se repite en esta novela (mucho mejor que Joyride, de la que hablé hace poco, y tan buena como La chica del al lado, aunque con menor carga emocional) es servirse de los actores de reparto.

Ray es el protagonista, pero no es el personaje más importante de la historia. Los policías que lo persiguen y sus familias juegan un papel crucial en el dibujo de lo que sucede. Igual que las víctimas que Ray se cobra e igual que Tim y Jennifer. De hecho, sin estos dos últimos y sin los personajes de relleno que aparecen en varias ocasiones, bien como marabunta o bien como referencia, Ray no sería nada.

Porque a las putas se las mata, pero solo si hay público. Y Ketchum no se refiere a un público que aplauda el asesinato (este público no lo aplaude), sino a un público que lo valide. Aunque sea de una manera artera y retorcida.

En La chica de al lado, Ketchum nos muestra la connivencia del vecindario: sin la colaboración activa de los chicos del barrio, sin el mirar hacia otro lado de los adultos, Gertrude no habría torturado y asesinado a Silvia Likens. En Perdición, quienes hacen de comparsa de Ray, quienes lo temen o lo halagan, contribuyen a que necesite matar a esas putas que lo rechazan y lo humillan al rechazarlo. Porque los tipos como Ray no pueden dejar una humillación sin saldar a riesgo de perder su rango.

Ketchum pone de manifiesto en esta novela el efecto de la cobardía y la tibieza. Cuando los tibios no se rebelan contra los acosadores, pasan cosas horribles en el patio.

Hay otro elemento en Perdición que convierte este libro en una buena opción de lectura. Y es que sirve de escaparate y reflejo.

Hace muy poco, una campaña de publicidad en Galicia, decía que «no debe pasar, pero pasa». Alertaba a las mujeres que salen a correr de que hay hombres malvados que podrían agredirlas. Ese tipo de advertencia, que coloca en la víctima la responsabilidad de evitar las agresiones, está presente todo el tiempo en la novela.

Durante toda la narración, las mujeres sobre las que recaerá la ira de Ray se comportan como ciudadanas libres. Una de ellas es una chica discreta, la otra no. En ambos casos, el resultado es el mismo: cuando Ray se siente rechazado, decide vengarse. Los hombres que rodean a esas mujeres tratan de advertirlas y mi experiencia como lectora es que yo también trataba de advertirlas. «No hagas eso» gritaba en silencio a medida que leía. Y enseguida me daba cuenta de lo erróneo de mi grito. Porque poco importa lo que hagan esas putas una vez que el Ray de turno decide que lo son.

Jack Ketchum, hasta donde sabemos, era un hombre. Merece mucho la pena recordarlo en este momento. Porque esta novela la hubiera escrito una mujer, su autora no se habría librado de que la llamaran feminazi, progre y, por supuesto, puta.

Conclusión

Perdición, de Jack Ketchum es una buena novela llena de tensión, suspense y relaciones humanas retorcidas. Como obra de ficción merece la pena por el ritmo y por la profundidad de sus personajes, entre otras muchas cosas. Es una lectura rápida que te mantiene con el corazón en un puño. Su potencia radica en la claridad de lo que se narra y en una visión igualmente clara de su autor.

Además, es una novela de metarrealidad que se publicó por primera vez en 2021 y que 21 años después sigue estando vigente. Te la recomiendo si te gusta la buena literatura en general. Te la recomiendo mucho si además te gusta el (auto)cuestionamiento.

Uno de los mejores Ketchums.

Lanzamiento: noviembre de 2022
Editorial: La Biblioteca de Carfax
Traducción: María Pérez de San Román
Páginas: 410 (pero se leen como si fueran 200)
Valoración: Café gourmet.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Alicia Pérez Gil dice:

    Yo te la ecomiendo mucho 🙂

    Me gusta

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