La hija oscura, de Elena Ferrante

Sinopsis

Leda es una profesora de literatura inglesa, divorciada hace mucho tiempo, dedicada a sus hijas y al trabajo. Cuando ellas se trasladan a vivir con el padre, en vez de vivir la nostalgia y la soledad que esperaba, Leda de repente se siente liberada y decide tomarse unas vacaciones en un pequeño pueblo de la costa. Pero los días de calma aparente se acaban cuando vemos a esta mujer de mediana edad y mucho criterio huyendo de la playa con una muñeca en brazos.

Página a página, un agradable descanso a la orilla del mar se convierte en el retrato de una mujer terca y sola, asaltada por unas preguntas que la llevan a arriesgarlo todo. En La hija oscura, la novela más querida por Elena Ferrante, la locura anda de la mano de la lucidez absoluta: nada sobra cuando un gesto sin sentido nos acerca a la gran literatura.

Reseña

—Soy una madre desnaturalizada —dije.

Esa frase pertenece al final de la novela, a la penúltima página, y es engañosa. La hija oscura habla de maternidad, claro que sí, pero también y sobre todo habla de personalidad. Porque si el diccionario define maternidad como estado o cualidad de madre, personalidad podría definirse, para lo que nos interesa en este momento, como estado o cualidad de persona. Aunque ya sé que no es eso lo que la palabra significa.

La hija oscura comienza con un accidente de coche y termina con el hecho que causa ese accidente de coche. El marco es simple, anodino incluso. Un poco como todo lo que sucede desde el capítulo 2 hasta el 24 de la novela, los centrales, que son extraordinarios no por lo que cuentan, sino por contarlo.

Leda es una mujer llena de contradicciones y la gran virtud de estas 147 páginas es que ponen esas contradicciones de manifiesto de manera fluida, tal y como ocurren en la vida. ¿Te ha pasado alguna vez que estás tranquilamente en una terraza, tomándote una caña, o un refresco, tan contenta, con tus amigas y tus cosas y, de repente, te cambia el humor? Sospecho que esta es una experiencia universal. Yo la he vivido muchas veces y también la he leído muchas veces. Aunque en la mayor parte de los libros que le prestan atención a estos cambios de humor, los solucionan con una elipsis o una pequeña mención.

Elena Ferrante, sea quien sea, se regodea en las contradicciones y las mezquindades. Les pone origen, las describe y se las apaña estupendamente para que su protagonista las conozca, las reconozca y las muestre como una parte integrada de su personalidad.

De Ferrante solo conocía, aunque no la he leído, la saga Dos amigas y la referencia a La hija Oscura me llegó a través de un ensayo sobre maternidad. En ese ensayo (Madres, un ensayo sobre la crueldad y el amor, de Jacqueline Rose), la autora habla mucho de cómo Ferrante pone sobre la mesa el lado más oscuro de la maternidad: los momentos de agotamiento, esos en que las madres detestan a sus hijos, las actuaciones viles que se realizan para protegerlos… Y todo eso está en el libro. Pero no es lo único que se encuentra entre sus páginas.

Junto a ello encontramos otra cosa: el lado oscuro de la personalidad, de ese estado de cualidad de persona del que hablaba más arriba y que se les niega sobre todo a las madres pero también al resto de mujeres. Nuestra existencia debe acomodarse a una serie de mandatos entre los que se encuentran la bondad, la compasión, la empatía. Las mujeres debemos vivir según las leyendas de color pastel estampadas en las tazas que nos regalan en fechas señaladas, pero Leda no es buena, compasiva ni empática. Al menos, no lo es todo el tiempo. Leda se ha adentrado en el terreno del autoconocimiento y la aceptación y, aunque se juzga con dureza durante el proceso, no aguanta tonterías de nadie. Ni siquiera de sí misma.

Durante toda la lectura, quieres decir que leda es una persona horrible, pero solo es una persona.

En cuanto a la historia, se compone de 25 capítulos muy cortos (la novela se lee en una tarde tonta) que cuentan las vacaciones interrumpidas de su protagonista. Al principio parece que no pasa nada, que toda la narración se desarrolla dentro de la cabeza de Leda, pero no es cierto. Los hechos externos aparecen al principio y al final de cada capítulo y sirven, en muchas ocasiones, como marco a los pensamientos de la protagonista.

La manera en la que cambian los escenarios me parece especialmente inteligente, pues sigue de forma natural las decisiones de los personajes y los caprichos de la metereología. En las pocas páginas de La hija oscura ocurre todo lo que debe ocurrir en unas vacaciones playeras mediterráneas: la playa idílica de lunes a viernes, abarrotada los fines de semana, una tormenta de verano, mercados, incomodidad, encuentros casuales, relaciones incómodas, expectativas incumplidas.

Aunque lo mejor es el estudio del personaje, esa mirada al interior de la protagonista que la deja totalmente al descubierto, que nos muestra sus entrañas como en una disección carente de emociones. Porque, a pesar de la intensidad, del conflicto constante y de la contradicción, no hay pornografía emocional en esta novela. Lo que, para mí, ha supuesto toda una sorpresa.

Conclusión

La hija oscura es una buena novela oscura e incómoda que deja al descubierto algunas cualidades cuestionables del ser humano en un entorno doméstico y conocido. Habla de madres y mujeres de una forma poco común y cuenta una historia corriente de una manera extraordinaria. Te la recomiendo encarecidamente si eres escritora y te preocupa la creación de personajes. También si crees que la única manera de hacer buena literatura es mostrar y no contar (la ración de contar aquí es potente). Si no escribes, pero te gusta leer contemporánea incómoda, puede que este también sea tu libro.

Yo lo he disfrutado mucho y probablemente vuelva a leer a Elena Ferrante.


Lanzamiento: junio de 2021
Editorial: DEBOLS!LLO
Traducción: Edgardo Dobry
Páginas: 147
Valoración: Café con leche, pero de muy buena calidad
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