Enajenadas, de Julia Montilla

¿Te has preguntado alguna vez de dónde salen todas esas mujeres despeinadas con ojeras y aspecto de ir a matar o a morir? Esta es la imagen que conjura la idea de locura femenina y terror. Algo que se explica en Enajenadas, Ilustraciones de la locura femenina en el siglo XIX. Un pequeño ensayo de Julia Montilla. Pequeño por extensión: apenas 170 páginas en un tamaño de 18 x 12 cm, muy parecido al de las fotografías aquellas que se imprimían en papel.

Pero que esas pocas páginas no te engañen. De ellas salen las explicaciones a la existencia de la loca suicida del ático en Jane Eyre, la protagonista de El empapelado Amarillo, de Charlotte Perkins Gilman y por eso en occidente los fantasmas femeninos japoneses han sido tan excepcionalmente bien aceptados. Aunque su origen nada que tenga que ver con la historia de la psiquiatría.

Y es que de eso trata este libro. La locura femenina en el siglo XIX se pintó, se grabó y se fotografió. En principio con la intención de estudiarla. El resultado final fue que esas pinturas, grabados y fotografías dibujaron el arquetipo todavía vigente de la locura femenina en relación con el terror. Los profesionales que se dedicaron a ello pasaron de ser considerados poco menos que hechiceros, a entrar en los anales de la medicina psiquiátrica. Cómo lo lograron es una historia de terror que afectó entonces a una cantidad escalofriante de mujeres. Torturas, humillaciones, manipulación, privación de libertad…

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¿No se estudiaba la locura masculina?

Claro que sí. Y los métodos utilizados para ello por esos nuevos psiquiatras, que se ayudaban de artistas y que cambiaron para siempre el imaginario popular, no fueron más benignos. Sin embargo, el libro de Julia Montilla habla de mujeres. Y no se trata de una decisión caprichosa. Las mujeres locas en el siglo XIX se convirtieron en un arquetipo tan poderoso que se estudia en la carrera de filología inglesa. También existe un libro titulado La loca del desván, de marcada ideología feminista. Sus autoras son Sandra M. Gilbert y Susan Gubar. Esta obra, imprescindible, de verdad, si os interesan el feminismo, la literatura -gótica o no, de terror o no- escrita por mujeres o, en fin, la literatura, sin más, habla de las escritoras y la imaginación literaria del siglo XIX.

La imaginación se excita con palabras, pero también con imágenes. Si yo te digo que describas a una loca ¿qué palabras emplearás? ¿Qué imágenes vendrían a tu cabeza? Pues la mayor parte de esas imágenes nacieron entre 1800 y 1900. Muchas de ellas debido a la manipulación del cuerpo de supuestas pacientes en sanatorios y universidades. Y esto es lo que explica Julia Montilla en Enajenadas, Ilustraciones de la locura femenina en el siglo XIX.

Para que nos quede claro cómo está organizado el contenido de este ensayo, la autora lo divide en cuatro grandes capítulos al que suma un prefacio y un epílogo.

El siglo XVIII: locura como dominación de las bajas pasiones

En este primer capítulo no se habla todavía de la locura femenina en el siglo XIX. Pero ya se aprecia esa relación entre locura femenina y terror. En aquel entonces, la sinrazón se entendía como una consecuencia de la incapacidad del ser humano para controlar sus impulsos. Lo que se llamaban pasiones. Así, existe una secuencia de grabados que narran, de manera gráfica, la decadencia de un rico heredero que despilfarra su fortuna en todo tipo de vicios. Al final de su vida de derroche, juego y prostitución, ingresa en Bedlam.

Si no sabéis lo que era esta institución, investigad un poco. Hay películas y literatura para llenar bibliotecas enteras. Para que os hagáis una idea, se trataba de un lugar donde se encarcelaba a las personas que suponían una amenaza para la autoridad.

En el siglo XVIII una de las aficiones de los ciudadanos de Londres consistía en visitar a los locos encerrados en Bedlam. Como veis, 1700 no era una buena época para caer presa de la ambición, la vanidad, el alcoholismo, etc.

Si bien las imágenes sobre locura femenina y terror llegaron después, el ecosistema donde se desarrollarían las historias protagonizadas por mujeres locas sí tiene aquí su raigambre. Ese asilo que no era más que un edificio con largos pasillos, celdas minúsculas o habitaciones comunales, gritos, discursos enfebrecidos y pésimas condiciones higiénicas.

La locura femenina en el siglo XIX: los seis arquetipos de Julia Montilla

En el siglo XIX nace lo que se conocía como alienismo moral, una especie protosiquiatría, y el encarcelamiento de los locos deja de ser preventivo. Ya no se los encierra para mantener la paz social, sino como medida terapéutica. Comienza a considerarse la locura una enfermedad, lo que trae consigo algunas consecuencias incluso jurídicas.

Las nuevas formas de terapia que nacen junto al alienismo, son la moralidad y la reclusión. En teoría ya no se sujeta a los locos con grilletes, sino con conceptos como la culpa y la responsabilidad moral.

Las escritoras de terror tenemos, por lo general, muy presente este tipo de fantasmas. Y no pasa desapercibido que en el imaginario colectivo las cadenas del pecado todavía resuenen en los corredores de las mansiones góticas. Aunque ahora se han convertido en muchos casos en historias de terror basadas en el remordimiento o la angustia. Emociones que provienen, sí, del siglo XIX y la construcción de la terminología de la locura

Aunque Julia Montilla también habla de que estas imágenes asociadas a los dementes parten de un poco más atrás, los gabinetes de curiosidades que hoy conocemos como freakshows y que se pusieron de moda en los siglos XVII y XVIII. Precursores inmediatos de aquella moda de visitar manicomios los domingos y fiestas de guardar.

¿Por qué la representación gráfica de la locura de las mujeres es tan importante a partir del XIX?

Por otro concepto muy, muy, muy extendido: la idea de que la forma de la cara y, por extensión, del cuerpo, es reflejo de la mente.

Efectivamente, el famoso dicho según el cual la cara es el reflejo del alma se traspasó al alienismo (recuerda: la primera psiquiatría), así, sin anestesia. Este de hecho es el principio al que Oscar Wilde se permite dar la vuelta en el fabuloso Retrato de Dorian Grey. Esa historia de miedo en la que un bello protagonista consigue que las consecuencias de sus malas acciones, alimentadas por sus bajas pasiones, no se vean reflejadas en su rostro, sino en un cuadro ciertamente sobrenatural. Os dejo el enlace al libro, que ya es de dominio público.

Esto funcionaba más o menos así: emociones normales producen contracciones de los músculos faciales normales y demuestran que la persona con la que estamos hablando es normal. Emociones anormales provocan contracciones musculares anormales y nos muestran que hablamos con locos.

El siglo XIX diferenciaba las emociones enfermas de hombres y mujeres. Mientras que se atribuyó a los hombres locuras combativas y agresivas, los tipos de locura femenina en el siglo XIX se centraban en la pérdida de la razón debido al sexo. Se sexualiza a la loca. Esto lo explica la autora estupendamente cuando dice que

“Por un lado, el enajenado violento evoca en el espectador masculino la autoridad física y el control; por el otro, la loca sexualizada desafía el deseo de autoridad y dominación carnal del público masculino”.

No fue hasta después de la revolución francesa que se consideró la vertiente agresiva de la locura femenina. Pero ya en 1850 había más mujeres que hombres ingresadas en asilos. El desorden mental ya se había convertido en desorden de género.

Locura femenina y terror: la evolución a partir de los seis arquetipos de la locura femenina en el siglo XIX

Si te gustan las historias de terror, si lees novelas de miedo o relatos para asustarte, estos seis arquetipos te sonarán mucho:

  • La revolucionaria
  • La envidiosa
  • La suicida: representada hasta la saciedad como Ofelia. Pero ya hablaremos de Hamlet como “novela” de terror.
  • La furibunda homicida, que puedes reconocer en Lady Macbeth porque Shakespeare lo escribió todo.
  • La liberada
  • La histérica
  • La endemoniada
  • La autómata

De todos ellos habla Julia Montilla en su libro.

La revolucionaria: representada por Théroigne de Méricourt

Este nombre, Théoigne de Méricourt, se vincula a la lucha de las mujeres y también a la revolución de 1789. La prensa de la época la retrataba como una amazona cubierta de sangre. La apalearon brutalmente en 1793, la dejaron desnuda en la calle y esto sería, por lo visto, lo que la llevó a la locura.

Las locas decimonónicas no solo cargaban con sus traumas, cuando los tenían, sino que se les atribuían atrocidades varias. En este caso, el asesinato de maridos y amantes.

Se suponía que los retratos y grabados de estas mujeres mostrarían de manera objetiva los rasgos físicos de la locura… Lo malo era que la objetividad dependía en gran medida del talento y la intención del retratista. No os sorprenderá que os diga que todos ellos eran hombres. Así, la locura femenina y el terror nacen de la necesidad de médicos hombres de atesorar pruebas que avalasen sus conclusiones pretendidamente científicas.

La envidiosa

La envidia se consideró en el periodo posrevolucionario una enfermedad mental solo de mujeres. Esta monomanía era un problema femenino de las mujeres que se dedicaron a tareas de reclamación de la igualdad. El afán de medrar de las mujeres era, ni más ni menos, un vicio moral propio de la burguesía.

¡Viciosa! ¡Envidiosa! ¿Qué es eso de querer que te tratemos como una igual? ¿Os suena? Mary Wolstoncraft, la madre de Mary Shelley, fue tachada de loca y finamente, se suicidó.

La suicida

Cuando la fotografía hizo su aparición, los alienistas se las prometieron muy felices, pues con ella se terminaban las dudas: Una imagen tomada de la realidad no podía manipularse, ¿verdad? Los casos de locura femenina en el siglo XIX quedarían documentados con imágenes de las que nadie podría dudar.

Es a partir del nacimiento de la fotografía cuando los alienistas empiezan a ser considerados profesionales serios de la medicina. Hoy sabemos que, en fin, la fotografía es tan manipulable como la palabra escrita.

Por no hablar de las manipulaciones a las que estos protopsiquiatras sometían a sus modelos: las obligaban a retorcer los músculos, a posar en posturas determinadas, etc.

Hemos mencionado a Ofelia porque el personaje de Shakespeare había trascendido tanto, que los médicos, para ilustrar la angustia psicológica, obligaban a sus pacientes a adoptar esa mirada lánguida y hasta las disfrazaban con tocados de flores y toda la parafernalia.

Así que, si buscáis retratos de mujeres melancólicas internadas en el siglo XIX, sospechad de la espontaneidad de la fotografía. La mayor parte de ellas eran pura escenografía. Locura femenina y terror para la contemplación, que todavía nos persigue en las pantallas de los cines y en las páginas de los libros.

La furibunda homicida de Lady Macbeth

Lady Macbeth es una historia de locura femenina y terror en ella misma gracias a su protagonista ambiciosa, malvada, sin escrúpulos… Pero nos asusta, no por su ambición, su maldad o su carecía de escrúpulos, sino porque es una mujer. Todas esas características se admiraban y se siguen admirando en los hombres. Sobre todo en el campo de los negocios.

Para crear imágenes de mujeres furiosas y capaces de matar, los médicos (sic) decidieron aplicar métodos más propios del horror en la literatura.

¿Recordáis que las emociones normales producen caras normales y la locura produce caras locas? Pues no había mejor manera de retratar la furia que aplicar a estas mujeres corrientes eléctricas que recrearan esas emociones locas.

La liberada

A medida que la psiquiatría se institucionalizó, determinadas actitudes femeninas se convirtieron, un poco por arte de magia, un poco porque sí, en patologías. Ahora, a la pareja locura femenina y terror se añade la tercera columna: ciencia para justificar las mayores aberraciones.

Lo que hacen los psiquiatras es, mediante un discurso propio, formular un orden natural preestablecido. Que no existía, ojo, lo crearon ellos. Las enfermedades mentales de las mujeres del siglo XIX nacían cuando se transgredía ese orden “natural”. Por ejemplo:

  • ¿Que quieres ser médico? ¡Tú estás loca!
  • ¿Que no quieres tener hijos? ¡Loca!
  • ¿Que preferirías no casarte? ¡Loca!
  • ¿Que replicas a tu marido? ¡Loca y más que loca!

Esto fue posible, y no nos hemos librado todavía de ello, porque se otorgó un poder eterno e infinito a los valores de la burguesía, que establecía unas diferencias claras entre lo que debía ser y se esperaba de un hombre o de una mujer. Las personas no binarias no existían ni se las esperaba.

En resumen, cualquier mujer que no se plegara al marco de comportamiento de una dama burguesa estaba loca. Locura y terror, locura y desobediencia, locura y patriarcado…

Liberadas eran las femme fatale, las prostitutas. El temperamento ardiente de las mujeres las hacía débiles y proclives a caer en los peligros del intelecto… Es mucho más interesante leerlo en palabras de Montilla, de verdad. Y con un montón de bibliografía que acompaña cada postulado.

La histérica y la endemoniada

Las histéricas se convierten en locas del XIX debido a la autosugestión. Y esa autosugestión nace debido a un trauma. El no tan reputado Jean-Martin Charcot, en un alarde de enorme visión del espectáculo, replica los brotes histéricos de sus pacientes mujeres mediante la hipnosis. Locura y terror inducido a mayor gloria del médico.

Sí, sin el menor reparo, hipnotiza a sus locas decimonónicas y les induce un estado de histeria. No por nada, sino para probar sus teorías.

Es cierto que estos métodos ya levantaron ampollas en su tiempo, pero la semilla del mal estaba plantada en el fértil campo de la literatura. Gracias a Charcot, las novelas se llenaron de mujeres histéricas. Locas, muchas de ellas, que las familias mantenían encerradas en el ático de sus casas. Sí, locas del desván. Ejemplitos clásicos escritos por señores:

  • La conquista de Plassans, de Zola
  • La Regenta de Clarín
  • La fontana de oro de Galdós.

La autómata

El apartado de la autómata es un análisis de cómo la fotografía se utilizó para torturar a las enfermas mentales recluidas en diferentes asilos. En muchas ocasiones las obligaban a posar durante horas con el fin de recabar imágenes que reprodujeran procesos.

Una teatralización del cuerpo y de la dolencia que no servía a más propósito que la confirmación de las teorías expuestas por el médico del que se tratase.

Enajenadas, Ilustraciones de la locura femenina en el siglo XIX : Conclusión

Enajenadas, Ilustraciones de la locura femenina en el siglo XIX esboza el proceso mediante el cual las mujeres nos hemos hecho las dueñas de un tipo determinado de trastornos mentales. Menciona, pero no expone de manera sensacionalista, los métodos empleados, contiene un buen montón de documentos gráficos y, sobre todo, muchísima bibliografía.

Es un libro de lectura densa que da por sabidos algunos términos y quizá habría venido bien un glosario.

La autora describe a la perfección como los inicios de la psiquiatría se documentaron de tal forma que el médico y el artista bien colaboraban o bien eran la misma persona. La influencia de las imágenes de locura femenina y terror llegan hasta nuestros días. Se ven en obras literarias de terror como en algunos personajes de La maldición de Hill House, aunque pueden pasar desapercibidos. Y toda la serie American Horror Story está llena de referencias. Por poner apenas unos ejemplos posiblemente menos terroríficos que la realidad.

En definitiva, un librito muy recomendable para investigar, aprender y disfrutar.

Lanzamiento: mayo de 2016
Editorial: Brumaria
Páginas: 210
Valoración: Capuccino rico rico
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