Cero, de Kathe Koja

Sinopsis

Nicholas y Nakota son una disfuncional pareja que encuentran un agujero negro en el suelo de un almacén dentro del edificio donde vive Nicholas. Lo llaman «el Ojo Negro», no saben lo que es ni los horrores que contiene, pero la atracción que ejerce sobre ellos es inexorable. Nakota en especial, quiere poner a prueba los límites de este agujero aunque es Nicholas quien parece tener una relación especial con él.

Obra ganadora de los premios Bram Stoker y Locus a mejor primera novela en 1992.

Unas líneas del prólogo que todo el mundo debería leer

El prólogo es de la traductora y menos mal que me lo leí. Porque es verdad que la novela es rara no solo por lo que cuenta sino por cómo articula las frases que usa para contarlo. Tiene una puntuación bailonga que le va al pelo, pero si te pilla desprevenida te puede dejar un poco del revés. Como la novela en general. Dicho esto, y una vez añadido que no soy especial fan de los prólogos (y que me los suelo leer cuando ya he terminado la novela), te dejo con la última parte de este, porque creo que sirve para entrar en Cero con los pies mejor plantados que si lo haces a ciegas. Aunque eso tampoco significa demasiado, la verdad.

«Desde el principio supuse que el The Cipher del original se refería a la acepción más común del término: el código. Sin embargo, al sumergirme en la lectura me di cuenta de que había mucho más detrás. Porque cipher significa también “don nadie”, lo que describe bien al protagonista. Y significa “cero”, la nada, el vacío. Y resulta que es una de las letras del Alfabeto Supremo, donde representa el fin, el círculo cerrado, cualquier persona, lugar o cosa. Ahí queda eso: un título que resume a la perfección, sin fisuras, todo lo que es la novela».

Mi historia personal con Cero

Me encontré por primera vez con su portada azul en un pasillo infinito, llevo de libros en casa de Nieves Mories. Cogí el libro porque el lomo, también azul, gritaba Biblioteca de Carfax y yo ya había pasado muy buenos momentos en los libros de esta editorial, así que le pregunté a Nieves que qué tal y me dijo que muy bien, pero que creía que era un libro muy raro para mí.

Aquí habría que poner un gif de Marty McFly cuando lo llaman gallina. Y saber que hay algunas cosas que no llevo bien, como que me digan que soy muy normal. Probablemente, porque soy muy normal, no hay mucho que hacer al respecto. La cuestión es que, desafíos inexistentes detectados aparte, la portada me gustó mucho. Me parecía muy perturbadora. Esa mano con un agujero negro en el medio, esos tonos azules que resulta que le van tan bien y esos personajes sin rostro…

El libro, no obstante, se quedó allí. Y tardé mi buen par de años en comprarlo, cosa que sucedió el pasado Celsius (2022). me llevé el último ejemplar y recuerdo que, cuando lo pagaba, les conté a las editoras que Nieves me había dicho que era raro. Y ellas me miraron y me dijeron que sí, que era raro y sucio. Y que les dijera qué me había parecido.

Esa misma tarde empecé a leerlo y me atrapó desde los primeros párrafos.

También decidí que lo leería despacio por varios motivos.

Y volví a hablar con las editoras porque el libro bien merece comentarlo con quien lo conoce.

En resumen, que te lo recomiendo desde ya.

Cero, de Kathe Koja: reseña

Nakota, la que lo vio primero: largas piernas arácnidas recogidas bajo su fea falda, la boca de listilla fruncida en algo que no tenía nada que ver con una sonrisa. Sentada en mi deprimente piso de la segunda planta, en un deprimente sillón de segunda mano, con la luz de la ventana a su espalda, opaca y gris como pelaje sucio, y ella viva, despidiendo sus chispas oscuras, una tras otra. A nuestro alrededor descansaban los restos de la discusión del día: latas de cerveza aplastadas, un cenicero robado en un bar y colmado hasta arriba.

Así empieza esta novela. Y si te deprime, pero crees que mejorará, estás muy equivocada. Este es posiblemente el momento más alegre de la historia. Aunque hay algunos posteriores en los que los protagonistas parecen un poco más vivos.

Toda Cero está ambientada en una ciudad de mala muerte, sus protagonistas están a un paso de despeñarse desde la mediocridad al abismo de lo más cutre (por ser generosa), trabajan en lugares tan glamourosos como bares lamentables o un Blockbuster y tienen la osadía de sentirse, al menos algunos de ellos, especiales y superiores.

Bienvenidos a los 90. Pero no a los de Reality bites, que siempre me pareció un poco Disney, la verdad. Bienvenidos a la resaca de los 80, cuando la vida se encargó de enseñarnos que, para la mayoría, la historia iba de dar vueltas alrededor de una cosa escurridiza e inexistente llamada felicidad que estaba al alcance de otros. Una cosa de mentira que debajo escondía un agujero negro y alquitranado.

Me encantaron los 90 (NO).

Es verdad que los 90 vistos desde 2022 se ven como un escenario improbable. En aquel entonces podías dejar de trabajar y encontrar otro trabajo sin mucho problema. Así que la angustia de la lectora que asiste a cómo el protagonista deja de ir a trabajar es mayor ahora de lo que habría sido entonces. No es menos cierto que podías ir de un trabajo de mierda a otro trabajo de mierda y que cambiaban las caretas, pero no lo que había detrás. En fin, me desvío del libro. Mis disculpas.

Sea como sea, la espiral de decadencia física, moral y paranormal de la novela merece la pena. Es un espectáculo bochornoso del que cuesta apartar los ojos a pesar de que sabes, desde la primera página, que la cosa no va a terminar bien. Ostras, sospecho que quienes pasamos por los 90 y tuvimos suerte, podemos leer el libro con alivio porque esquivamos el agujero. O a lo mejor estamos dentro. Vete tú a saber.

Además, como decían las editoras con absoluto acierto, es una lectura sucia. A cada capítulo terminado te dan ganas de darte una ducha. En parte porque la cerveza rancia, las colillas baboseadas y los restos de comida rápida se van acumulando en las esquinas del libro con tanta profusión que no estás del todo segura de que no atraviesen sus páginas de vez en cuando. Y en parte para recordarte de que estás fuera de esa historia y que no hace falta que te involucres en ella más de lo necesario. Cerrar el libro y ver que no tienes un agujero untuoso en la mano es un alivio.

Se trata de una novela asfixiante que empieza muy muy arriba en lo que se refiere al sentido de la maravilla, la tensión y el horror. Por eso, sobre todo en la primera mitad, es muy fácil de leer. Aunque fácil no es la palabra. Porque, bueno, la decadencia, la podredumbre, lo feo, triste y despreciable que es todo no te ponen las cosas fáciles como lectora. Pero es una primera mitad muy atractiva y engancha. Todos tenemos nuestros vicios, no me juzguéis.

Uno de los mayores aciertos de la novela es que, a pesar de girar alrededor de un portal, como Alicia en el País de las Maravillas, los personajes nunca lo cruzan. Eso hace que, desde este lado del libro, te preguntes constantemente si en algún momento lo harán y qué encontrarán al otro lado. Me gusta que los libros me mantengan sobre ascuas y este lo consigue.

Mi conclusión es que no hay otro lado, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión. Bastante intensa me he puesto ya.

El problema llega en la segunda mitad, cuando empiezan a aparecer personajes nuevos, igualmente decadentes y despreciables, y la novela vira hacia algo menos atractivo. Al menos para mí. También es cierto que es imposible mantener la tensión inicial durante 300 páginas. Y que algo tenía Koja que contar para llenarlas.

Conclusión

Te recomiendo Cero si te apetece leer una novela que se aleja razonablemente de lo mainstream, que está escrita con cierta libertad y con mucha predilección por la sordidez. Disfrutarás de la pericia de la autora para describir escenarios asquerosos de manera muy vívida y es posible que odies a todos los personajes. Pero que nada de eso te detenga, por favor. En un mundo dominado por Hello Kitty, este tipo de historias son un oasis. Ojalá hubiera más.

Lanzamiento: abril de 2018
Editorial: La Biblioteca de Carfax
Traducción: Pilar Ramírez Trello
Páginas: 293
Valoración: Dadme más de esto, pero en dosis pequeñas y controladas, que hay que saborearlo bien (4 estrellas)

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